Stunt Oscar nomination – Worst stunt

Cada día me levanto pensando que va a ser uno genial. Es una cosa que me da fuerzas para calzarme no sólo los zapatos sino una sonrisa y así salir a la calle. La inmensa mayoría de las veces se cumple, aunque ese día fui generoso con mis expectativas.

Tenía que brillar. No tenía más remedio pues iban a venir del Ministerio para auditar mi trabajo y tenía que darlo todo. Hasta saqué de su bolsa el nuevo chubasquero para estar impecable.

Pero ya incluso antes de entrar en la granja sabía que iba a tener que esforzarme y mucho. Eso no olía bien. Literal. Nada más bajarme del coche para acceder a las instalaciones me invadió un fuerte olor a cerdo. De los ungulados me refiero, no de los que pululan por la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Llamé a la clínica para confirmar la dirección. Tras una conversación absurda en la que intenté comunicar que había tocado el claxon (horn) y que no había acudido nadie a recibirme, me contestaron que “qué cuerno (horn) le había tocado yo a los cerdos”. Tras dudar de mi integridad intelectual me insitieron que estaba en el lugar correcto. Decidí entonces saltar la valla para confirmar la existencia de vacas que igual se habían puesto Eau de Cochino ese día. Obvié queriendo la placa que alertaba la existencia de perro peligroso pues pude ver al otro lado del patio como una especie de Chihuahua estaba sujeto con una cadena otrora usada para anclar dirigibles a tierra. Craso error. Después de recorrer unos 20 metros y girar una esquina me encontré cara a morro con el primo mazao del pastor alemán medio. Sin atar además. Yo me llevé sorpresa pero comprobé que el perraco también se llevó su parte. Aproveché su inmovilidad para ejecutar una retirada táctica basada en un giro de 180º y avance a paso ligero con saltito de valla incluido.

Desde la seguridad del coche decidí llamar al ganadero para comentarle que había llegado. Me comentó que su hija estaba a punto de llamarme para cancelar la cita pues no iba a poder llegar a tiempo. A esas alturas no debería haberme sorprendido pero lo hice.

– “¿No va a estar su hija? ¿No puede ayudar alguien más con el ganado?”

– “¿Con el ganado? Me tiene que ayudar mi hija que está aquí, por eso necesita cancelar la cita”

Esto no va bien. ¿Qué me está pasando hoy? Después de la segunda conversación absurda del día descubrimos que el paisano me había confundido con el dentista. Tras el alivio de saber que aún tenía posibilidades de triunfar me comentó que estaba en una de las dos localizaciones bajo el mismo código de la granja. Que me iba a enviar a su hija a recogerme. La de las caries.

Una vez en la granja, tras presentarme como “Pablo, el dentista impostor” y tras las risas de la tontería del día empecé a trabajar en la manga con las vacas. El sol se dejó cubrir por un manto negro de nubes y acto seguido empezó a descargar agua con ganas. Contento con mi nuevo chubasquero, no sólo estaba impecable sino además impermeable. Listo para la visita del Ministerio. El día había empezado un poco cruzado pero me veía con la capacidad de enderezarlo. Esa sensación me duró exactamente 4 segundos hasta que escuché como el ganadero se ponía a gritar a lo Penélope Cruz: “¡PEDROU! ¡PEDROOOOOUU!” Ese nombre no me sonaba muy británico pero no es raro encontrarte todo un repertorio de nacionalidades en ganaderías grandes.

“¿Pedro? Juraría que te llamabas Pablo y además eras dentista.”
Su insitencia y tono despertaron mi curiosidad y me giré justo para descubrir que A) había confundido mi nombre y estaba intentando llamar mi atención y B) a menos de un metro tenía a una vaca a la fuga en rumbo de colisión. El impacto era inevitable e instintivamente, quizás influenciado por los múltiples placajes recibidos en rugby, me preparé para recibir el golpe. Giré la cabeza hacia un lado para no dejarme los dientes en su cabeza ya que por tenso que pongas el cuello, el cabezón tiende a bascular. Cerré los dientes para que no cascasen las muelas y para dejar la lengua a buen recaudo pues no sería la primera vez que me la parto en dos. Y salté para que el testarazo me diese en el pecho y no en la cara pues ese día me había limpiado las gafas. Agarré fuerte el material y me preparé para volar.

Y lo hice. Volé unos 2 metros hacia atrás y mi aterrizaje quedó amortiguado por un manto de barro en el que las vacas circulantes habían puesto de lo suyo también. Llevé inercia suficiente como para recorrer unos 3 metros boca arriba en los que aproveché para mirar el número tatuado en el culo de la cabrona vaca.

“¿Qué nota le damos a Pedro?” “Yo un 8” “Un 7.5” “Yo un 3 que ha sobreactuado, fijo”
Una vez mi velocidad en tierra pasó a ser 0, me levanté, comprobé que podía respirar sin dificultad y le grité al ganadero el número de la vaca a recuperar. Éste tardó un rato en reaccionar y pálido del susto sólo acertó a traer papel para limpiar mi chubasquero. Flaco favor pues el papel se deshizo y me dejó trozos de confetti azul entre la mierda y el barro. Consiguió anotar el número, recuperar la vaca y pedirme perdón por el despiste de dejar la puerta abierta.

El auditor del Ministerio hizo acto de presencia y aunque impermeable, yo ya no estaba impecable. Afortunadamente se centró en mi técnica de trabajo y no en mi disfraz de boñiga bípeda así que pasé la auditoría sin fallo alguno.

Parecía difícil pero teniendo en cuenta que no tuve que asistir al dentista con la hija del ganadero, al final el día fue genial.

Comparte esta historia si das por hecho que los cerdos no tienen cuernos pero que es el cerdo el que los pone y no la compartas si tu alma es la que es impermeable.

VOCABULARIO:

– “Would you mind double-checking the gate for me, please?” = Se te escapa otro bicho con cuernos y te pincho los ojos.

– “I can’t hear you. I’m out of range. Sorry! I’ll phone you back in five” = Voy a colgar porque esta conversación es absurda. No pongas esperanzas en que te vuelva a llamar.

Veterinario de seguridad

Niño. Y a ti, ¿por qué te llaman “el veterinario”?

Es que no se me dan del todo mal los animales.

Y observo con sonrisa socarrona como Sonia, tras darme una lista con los contenedores a los que no les puedo quitar el ojo en las próximas horas, se va convencida con mi respuesta. Sonia es una de mis 15 compañeros vigilantes de seguridad que en ese turno nos encontramos repartidos por las dependencias de un hangar en el Aeropuerto de Madrid Barajas. Hasta parezco alguien: camisa, corbata, pantalones de pinzas y zapatos. Al cinto una emisora, defensa y grilletes. La verdad es que en ese momento ni yo mismo sé por qué me denomino veterinario. Pero al cobijo de mi garita pienso que las horas que me toca estar de guardia son las mismas que la de mis compañeros veterinarios (los de verdad) con la salvedad que a mí las extras me las pagan, me las regula el convenio y además aparecen en nómina. Otra ventaja es que tengo derecho a saltarle los dientes al que se le ocurra morderme.

Y es que cuando al final consigues que te entrevisten en una clínica para pequeños animales, incluso teniendo en cuenta la falta de experiencia, cuando llegas a la oferta económica no negociable no sabes si ponerte a buscar la cámara oculta, no reprimir la risa pensando que es una broma o bien decidir mentarle a la madre del topo y salir por patas. Afortunadamente no son todas las clínicas así y algunas te ofrecen un plan de carrera cuya veracidad puedes contrastar con otros compañeros veterinarios. El salario inicial el mismo, pero al menos hay esperanza en que sepan reconocer tu esfuerzo a laaaaargo plazo.

Yo eché las cuentas y acabé en la academia para vigilantes de seguridad aprendiendo cosas como llamar defensa a la porra y grilletes a las esposas, así como consejos a lo Dora la Desquiciadora del estilo de “si vas de ronda por la noche y oyes ruido a tus espaldas, gira el tronco entero y no sólo la cabeza”. También me vi liado con legislación y cómo, de tener dudas durante el servicio, había que preguntar al cholo de turno pues él se las iba a saber todas. Metí unos cuantos tiros con el revolver en la galería y afortunadamente me quedé sin balas cuando escuché como un aspirante solicitaba darle la vuelta a los blancos porque “no quería disparar a una figura humana”. Ese tío será un genio cuando toque defenderse a tiros de Bob Esponja.

Con el lío que me hago yo con los bolsillos, como para unas prisas con esto...
Con el lío que me hago yo con los bolsillos, como para unas prisas con esto…
Así que hice el examen final y me dieron el equipo. Es la Policía Nacional quien te examina para darte la Tarjeta de Identificación Personal o TIP y así conseguir tu chapa. Pero no hay muchas convocatorias y hasta que te examinas en la Academia de Policía ejerces de Auxiliar de Servicios. Aparentemente te metes en menos líos, pero no dejas de estar pertrechado como un vigilante. Cuando salía por la puerta esperando el primer destino, el instructor nos recordó que “una vez tengamos al sujeto engrilletado boca abajo, le sujetemos bien la cabeza contra el suelo pues tienden a darse cabezazos para tener moratones y saltarse dientes y eso es una de las cosas que no les hace gracia a muchos jueces”. Esperanzador. Con un simple “tened cuidado ahí fuera” hubiera bastado.

Afortunadamente acabé en el hangar de carga de una conocida compañía aérea en el Aeropuerto de Madrid. Vigilando que nadie de fuera entrase con las manos en la espalda, silbando y mirando al techo como si nada y que los de dentro no confundiesen los teléfonos móviles que se enviaban a Tenerife con los suyos que habían dejado en sus taquillas. Despistaos los pobres. Me tuve que sacar el Permiso de Conducción en Plataforma (PCP) para poder conducir coches por las zonas autorizadas para hacer rondas por el perímetro y así recoger las maletas que se caían camino de los aviones. Sí, plastifica tu equipaje, pardal. Un día será la tuya.

linterna
Linterna dual. Ilumina y te arregla la boca en una sesión
Esa noche me tocó. No sé qué le pasó al vigilante que hacía la ronda nocturna pero por radio me indicaron que me presentase en la oficina. Apuré mi café de máquina y el donut de las 3am y me dirigí al puesto de cámaras. Me dijeron que cogiese la petaca, la linterna y me hiciese yo la ronda. La petaca no de ginebra aunque la hubiese agradecido, sino un aparatito que debes acercar a ciertos puntos de la ronda para registrar que has pasado por todos los puntos y que no te has quedado de cháchara con el personal de limpieza en la escalera de incendios. Así que empecé a subir plantas. Maldita sea, con la luz que hay abajo y aquí que dejan sólo los pilotos de salida de emergencia. Ojalá hubiera un interruptor como en casa, pero no. Se encienden todas a la vez y energéticamente no es eficiente. Ahí estaba yo, cruzando la oscuridad revisando la presión de las bocas de incendios, extintores y viendo que no había enchufes sobrecargados cuando se me vino a la cabeza la imagen del típico vigilante que es el primero en caer en las películas. Para colmo me acababa de enchufar café y donut creando ya la escena perfecta. ¿Y por qué cojones me han dicho que si encuentro algo raro que avisase? ¿Se lo dicen a todos o es que el vigilante de la ronda no había dado señales de vida? Y en esas que piso una sección de suelo que no se hunde como el resto y oigo un sonido justo a mi espalda. Instintivamente giro la cabeza y ahí le veo, no distingo su cara pero lleva las manos levantadas para atizarme en toda la cabeza. Se me hiela la sangre y sólo consigo girar el tronco para poner la linterna a modo de defensa descubriendo de esa manera que casi se me sale el corazón por la boca por culpa de un perchero. La sugestión y las sombras por no iluminar el objeto de primeras provoca la aparición de fantasmas. El consejo de girarte en bloque cuerpo entero sosteniendo la linterna de frente no era ninguna tontería. Evita pasar malos ratos como éste.

Ya sabéis bípedos, tened cuidado ahí fuera.

Comparte esta historia si tu sólo te giras en bloque cuando juegas al Tetris humano o si consideras que lo único no negociable es tu dignidad.

VOCABULARIO:

– “I must frisk you“/”I have to conduct a frisk on you” = Levanta los bracitos, pirata, que voy a registrarte.

– “I almost shat my pants during my patrol, mate” = Sin novedad en la puta ronda, tronco.