Veterinario de seguridad

Niño. Y a ti, ¿por qué te llaman “el veterinario”?

Es que no se me dan del todo mal los animales.

Y observo con sonrisa socarrona como Sonia, tras darme una lista con los contenedores a los que no les puedo quitar el ojo en las próximas horas, se va convencida con mi respuesta. Sonia es una de mis 15 compañeros vigilantes de seguridad que en ese turno nos encontramos repartidos por las dependencias de un hangar en el Aeropuerto de Madrid Barajas. Hasta parezco alguien: camisa, corbata, pantalones de pinzas y zapatos. Al cinto una emisora, defensa y grilletes. La verdad es que en ese momento ni yo mismo sé por qué me denomino veterinario. Pero al cobijo de mi garita pienso que las horas que me toca estar de guardia son las mismas que la de mis compañeros veterinarios (los de verdad) con la salvedad que a mí las extras me las pagan, me las regula el convenio y además aparecen en nómina. Otra ventaja es que tengo derecho a saltarle los dientes al que se le ocurra morderme.

Y es que cuando al final consigues que te entrevisten en una clínica para pequeños animales, incluso teniendo en cuenta la falta de experiencia, cuando llegas a la oferta económica no negociable no sabes si ponerte a buscar la cámara oculta, no reprimir la risa pensando que es una broma o bien decidir mentarle a la madre del topo y salir por patas. Afortunadamente no son todas las clínicas así y algunas te ofrecen un plan de carrera cuya veracidad puedes contrastar con otros compañeros veterinarios. El salario inicial el mismo, pero al menos hay esperanza en que sepan reconocer tu esfuerzo a laaaaargo plazo.

Yo eché las cuentas y acabé en la academia para vigilantes de seguridad aprendiendo cosas como llamar defensa a la porra y grilletes a las esposas, así como consejos a lo Dora la Desquiciadora del estilo de “si vas de ronda por la noche y oyes ruido a tus espaldas, gira el tronco entero y no sólo la cabeza”. También me vi liado con legislación y cómo, de tener dudas durante el servicio, había que preguntar al cholo de turno pues él se las iba a saber todas. Metí unos cuantos tiros con el revolver en la galería y afortunadamente me quedé sin balas cuando escuché como un aspirante solicitaba darle la vuelta a los blancos porque “no quería disparar a una figura humana”. Ese tío será un genio cuando toque defenderse a tiros de Bob Esponja.

Con el lío que me hago yo con los bolsillos, como para unas prisas con esto...
Con el lío que me hago yo con los bolsillos, como para unas prisas con esto…
Así que hice el examen final y me dieron el equipo. Es la Policía Nacional quien te examina para darte la Tarjeta de Identificación Personal o TIP y así conseguir tu chapa. Pero no hay muchas convocatorias y hasta que te examinas en la Academia de Policía ejerces de Auxiliar de Servicios. Aparentemente te metes en menos líos, pero no dejas de estar pertrechado como un vigilante. Cuando salía por la puerta esperando el primer destino, el instructor nos recordó que “una vez tengamos al sujeto engrilletado boca abajo, le sujetemos bien la cabeza contra el suelo pues tienden a darse cabezazos para tener moratones y saltarse dientes y eso es una de las cosas que no les hace gracia a muchos jueces”. Esperanzador. Con un simple “tened cuidado ahí fuera” hubiera bastado.

Afortunadamente acabé en el hangar de carga de una conocida compañía aérea en el Aeropuerto de Madrid. Vigilando que nadie de fuera entrase con las manos en la espalda, silbando y mirando al techo como si nada y que los de dentro no confundiesen los teléfonos móviles que se enviaban a Tenerife con los suyos que habían dejado en sus taquillas. Despistaos los pobres. Me tuve que sacar el Permiso de Conducción en Plataforma (PCP) para poder conducir coches por las zonas autorizadas para hacer rondas por el perímetro y así recoger las maletas que se caían camino de los aviones. Sí, plastifica tu equipaje, pardal. Un día será la tuya.

linterna
Linterna dual. Ilumina y te arregla la boca en una sesión
Esa noche me tocó. No sé qué le pasó al vigilante que hacía la ronda nocturna pero por radio me indicaron que me presentase en la oficina. Apuré mi café de máquina y el donut de las 3am y me dirigí al puesto de cámaras. Me dijeron que cogiese la petaca, la linterna y me hiciese yo la ronda. La petaca no de ginebra aunque la hubiese agradecido, sino un aparatito que debes acercar a ciertos puntos de la ronda para registrar que has pasado por todos los puntos y que no te has quedado de cháchara con el personal de limpieza en la escalera de incendios. Así que empecé a subir plantas. Maldita sea, con la luz que hay abajo y aquí que dejan sólo los pilotos de salida de emergencia. Ojalá hubiera un interruptor como en casa, pero no. Se encienden todas a la vez y energéticamente no es eficiente. Ahí estaba yo, cruzando la oscuridad revisando la presión de las bocas de incendios, extintores y viendo que no había enchufes sobrecargados cuando se me vino a la cabeza la imagen del típico vigilante que es el primero en caer en las películas. Para colmo me acababa de enchufar café y donut creando ya la escena perfecta. ¿Y por qué cojones me han dicho que si encuentro algo raro que avisase? ¿Se lo dicen a todos o es que el vigilante de la ronda no había dado señales de vida? Y en esas que piso una sección de suelo que no se hunde como el resto y oigo un sonido justo a mi espalda. Instintivamente giro la cabeza y ahí le veo, no distingo su cara pero lleva las manos levantadas para atizarme en toda la cabeza. Se me hiela la sangre y sólo consigo girar el tronco para poner la linterna a modo de defensa descubriendo de esa manera que casi se me sale el corazón por la boca por culpa de un perchero. La sugestión y las sombras por no iluminar el objeto de primeras provoca la aparición de fantasmas. El consejo de girarte en bloque cuerpo entero sosteniendo la linterna de frente no era ninguna tontería. Evita pasar malos ratos como éste.

Ya sabéis bípedos, tened cuidado ahí fuera.

Comparte esta historia si tu sólo te giras en bloque cuando juegas al Tetris humano o si consideras que lo único no negociable es tu dignidad.

VOCABULARIO:

– “I must frisk you“/”I have to conduct a frisk on you” = Levanta los bracitos, pirata, que voy a registrarte.

– “I almost shat my pants during my patrol, mate” = Sin novedad en la puta ronda, tronco.

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