Esto no interesa que se sepa

No. Las vacas no han podido conmigo. Aún.
Hace tiempo que no publico una entrada y se debe a que ahora estoy viajando mucho más por parte de Inglaterra y Gales. Lo bueno es que me estoy empezando a habituar a diferentes acentos no sin algo de esfuerzo. Así he descubierto que en Devonshire para pedir tomate en el sandwich tienes que pedir “oma-hou” pronunciándolo como si te estuviese picando una avispa en el sobaco izquierdo a la vez que estás metiendo los cataplines en un cubo de agua con hielo.

Sois un cielo “asín de grande” pues sois muchos los que me estáis pidiendo que vuelva a darle a la tecla, otros tantos preguntándome preocupados si he vuelto a acabar otra vez a lomos de un aspirante a toro y unos cuantos más suscribiéndose al blog. Sois geniales.

El hecho de que me pregunten si he acabado corneado es porque revisando el blog, veo que las experiencias que cuento en ganaderías incluyen entre otras un hocicazo (mío) contra el suelo, un rodeo improvisado, un testarazo en el pecho de una vaca en fuga o fuera del entorno vacuno, la posibilidad de haber acabado en comisaría. Y no siempre es tan excitante.

"Tú, el de las gafas. Eso de que vas a salir de aquí sin un susto te lo dire yo, listo"
“Tú, el de las gafas. Eso de que vas a salir de aquí ileso te lo dire yo, listo”

Me gustaría compartir con vosotros una idea que me ronda en la cabeza desde hace tiempo. Es la de dar a conocer un pelín más lo que ocurre en una ganadería puertas adentro. Ya arremetí un poquito contra las personas que sin informarse en abosluto malmeten contra un sector del que no tienen ni puta idea más allá de lo que Peppa Pig pueda aportar sobre la vida en granja. De no ser porque hay que extremar las medidas biosanitarias antes de entrar en las ganaderías (leed entre líneas) les pediría que me acompañasen en una de mis visitas de saneamiento ganadero.

Pongamos como ejemplo a Andrew. Este caballero tiene una ganadería con 300 animales destinados a la producción láctea. Ganadería, no centro de ocio y relax vacuno. Él tiene animales de compañía por los que se desvive (y viceversa) Pero son un perro y varios gatos. Las vacas las usa para producir, mira tú. Vamos, que destina su esfuerzo y dinero en producir leche y así malvenderla a centros lácteos. Empresas que bajo estricta regulación comprueban la presencia de antibióticos en el producto recogido y de encontrar una traza por mínima que sea, a Andrew se le acaba el negocio. Así que las vacas lecheras que por prescripción veterinaria se hallan bajo tratamiento, se siguen ordeñando para evitar que exploten pero esa leche se desecha. No sólo eso sino que se usan otras pezoneras y un depósito portátil para que no exista el mínimo contacto con la línea destinada a consumo humano. Aún así hay gente que por sistema sigue sosteniendo que la leche contiene antibióticos.

"Muuu buenas, Doc. Esperamos la piruleta si nos pinchas y no lloramos."
“Esperamos la piruleta si nos pinchas y no lloramos.”

Luego está el prenda que como no invierte tiempo en cuidar su higiene personal destina ese momento en pensar que a las vacas se las lleva a patadas al lugar de ordeño y luego se les da varazos hasta su cama de pinchos. Andrew, que es espabilao, es consciente que como tenga estresadas a las vacas éstas son propensas a pillar enfermedades. Enfermedades que en el mejor de los casos únicamente merman la producción y en el peor necesitan tratamiento con el consiguiente gasto en medicinas y desecho de esa leche. Así que este ganadero que no puede permitirse el lujo de contratar ayudantes, se apoya de mujer e hijos en sacar adelante los 2 ordeños diarios los 7 días a la semana. No puede enfurruñarse y liarse a patadas con los bichos por muy frustrado que esté.

Recalco: Andrew lleva un centro de producción con animales de abasto destinados a proveer de alimentos al publico. No son mascotas. Por eso aquellos animales que en su vida adulta no sirvan para la producción láctea (al perroflauta le aclararé que me refiero a los terneros, que luego se nos lía) se venden y se recupera parte de la inversión.

Ahora llega el momento en el que el veterinario oficial chequea la salud de su vacada y descubre que un animal de entre los 300 ha dado positivo en la prueba de la tuberculina. Que por 2mm de diferencia entre 2 reacciones en la piel le tiene que comunicar a Andrew que se le establece una restricción de movimientos en la ganadería entera. Ya no hay venta de terneros al menos para los siguientes 4 meses en los que encima hay que invertir en la salud y alimentación de esos animales. Tampoco tendrá la posibilidad de presentarse a ferias de ganado con sus mejores vacas o su precioso toro para intentar buscar fuentes de ingreso. Y ese momento. Ese, en el que cuando el veterinario va camino del coche para recoger las herramientas para marcar al animal y así indicar cuál debe ir al matadero, descubre a Andy cabizbajo entre las sombras de un cobertizo. Sin fuerzas si quiera para seguir moviendo animales. Acariciando de manera ausente a los que se acercan a olisquearle la gorra. Ese momento no se refleja en ningún sitio y menos en donde se disfruta del sensacionalismo infundado. Como no puedo ni tengo estómago para que me acompañe un activista de éstos para que lo vea en persona, comparto esta experiencia aquí.

Y como ésta muchas experiencias más pero de todos los colores. Desde los ganaderos que les ponen nombres a todas sus vacas y las reconoce (200 animales, lo prometo) hasta el que respeta que la vaca no quiera entrar por una puerta y todos los días tiene que recorrer 50 metros más para que la caprichosa se reúna con sus hermanas sin hacerle pasar un mal rato. La última en Cornualles en una ganadería de unos 30 animalotes destinados a carne. Después de la visita de rigor tiré campo arriba y me encontré a dos terneros tumbados cabeza con cabeza lamiéndose entre ellos. Me paré para disfrutar del momento mientras escuchaba algún mugido de fondo y olía a tierra mojada. Descubrí al cabo de 2 minutos que el ganadero me había seguido y ahí estaba también observándolos con una sonrisa. Curiosa actitud para un maltratador de animales. Por lo tanto y ante su estupefacción rompí el silencio para preguntarle: ¿Dónde se mete Peppa Pig cuando de verdad se necesita?

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Por aquí si quieres saber más del rodeo improvisado, el morrón contra el suelo, el testarazo en el pecho o de la suerte de no estar a la sombra ahora.

Comparte esta entrada si tienes lo que hay que tener aunque lo hayas dejado en un cubo o si tus medidas biosanitarias se limitan a soplar fuerte al Dorito que se te ha caido al suelo antes de comértelo.

VOCABULARIO:

– “I almost agree” = ¿De qué cerda me hablas? Anda, sal despacito de aquí y no hagas movimientos bruscos.

– “Cow” = 1. Vaca // 2. Alguien quien bloquea los pasillos de un supermercado debido a su inmenso contorno

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Mike-6 NBQ

Cuanto más deseas una cosa, más parece costar conseguirla. Ese lluvioso día deseaba poner tierra de por medio pero fue esta misma la que me retuvo. Mi coche se quedó atascado en el barro. Ni la primera con dulzura, ni la marcha atrás con esperanza. En cada intento además el coche patinaba preocupantemente hacia un terraplén que acababa en el campo preferido de un toro de unos 800kg. El mismo que pacientemente me observaba pensando: “Dame una oportunidad tío, que verás que rápido te saco yo.”
Salía de una ganadería en la que, por motivos de bioseguridad, les había comunicado una restricción de movimientos para sus más de 500 cabezas al menos para los siguientes 4 meses. Noticia pocas veces bienvenida por parte del ganadero. Por tanto quería desaparecer de allí pero no era buena idea hacerlo bajo tierra o propulsado por un testarazo vacuno. Saqué el móvil de empresa para pedir ayuda pero no había señal. Misma suerte con el mío personal. Tocó volver a la granja y solicitar auxilio para salir del marrón (literal). Trajeron un tractor y sacaron mi coche de la trinchera improvisada. Mientras huía, pensaba en las posibilidades de quedarme atascado en esas carreteritas a las 5am sin cobertura de móvil y sin tractor a 2 millas a la redonda.
Esa semana me dio por comprobar la cobertura de los repetidores de señal de radioaficionados y sorprendido por la misma acabé escribiendo a varios clubs de la región y zonas colindantes. Un club de Gales se puso en contacto conmigo y no solo me explicó detalladamente cómo sacar la licencia sino que me ofrecía clases y material de estudio de manera gratuita. Había gato encerrado pero qué mejor que un veterinario para liberarlo. Así que acudí a su reunión quincenal preparado para ser sorprendido. Y efectivamente me sorprendieron: por su cálida acogida, ilusión de tener a un español mostrando interés por esa afición en tierras galesas y por su edad media. Seamos honestos. En tiempos de la tecnología 2.0 y de la fibra óptica, en la que con arrancar una aplicación gratuita del móvil haces videoconferencia con Australia en 10 segundos, ¿quién se interesa en obtener una licencia para acabar sintonizando una emisora y contactar en abierto con otro loco de las ondas? Por lo que pude comprobar no muchas personas nacidas a partir de 1940. Ellos querían sangre fresca y yo quería mi título de radioaficionado. Me quedé.

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Sólo 7 voltios y 5 vatios para buscar más oportunidades de ser rescatado en 30 millas a la redonda.
Dan, mi contacto, me presentó a la pandilla. Un grupo que de no ser por las canas los hubiese confundido con unos boy scouts por la ilusión, energía y por el brillo de sus ojos cuando me explicaban sus propias experiencias en las ondas. Tuve un momento de pánico pues me vi rodeado de varios chiquillos canosos hablándome a la vez mientras el más joven, equipado con un audífono, estaba en la consola que tenía a mi espalda intentando entrar en contacto a grito pelado con un radioaficionado francés.
Alistair saltó de entre la multitud, me agarró del brazo y me liberó de la turba mientras me señalaba con su mano temblorosa diciéndome que en 2 semanas me presentase al examen práctico que incluía el código Morse pues él me podía dar clases durante ese fin de semana.
“¿¿En dos semanas??” – Pregunté mirando el ritmazo que tenía su mano.
“Sí. Eres veterinario, por lo tanto tienes que ser inteligente”
Menuda deducción pero qué demonios, me lo tomé como un reto más que como un cumplido y acepté.

Punto, punto, raya, punto... puta raya que rallao acabo yo. Punto final.
Punto, punto, raya, punto… puto punto. Rallao voy a acabar yo. Punto final.
Temía que con su temblor de manos acabase yo transcribiendo el Aserejé de las Ketchup en vez del mensaje que pretendía transmitirme pero sorprendentemente su temblor paraba en el momento de posar la mano en el transmisor. Y me enseñó a leer código por el sonido de palabras enteras y no por la rápida transcripción de puntos y rayas. No se trata sólo de eso, sino de reconocer ciertos dee-dah-dah-dee-dit de los que consta un lenguaje protocolizado. Del mismo modo que cuando alguien nos dice “Hola” no pensamos en las letras que componen dicha interjección.

Así que me presenté al examen y cuando me comunicaron mi aprobado sentí un inmenso alivio, no por estar más cerca de mi título sino por no haberles defraudado.

Semanas después recibí mi certificado con el indicativo: M6NBQ. Ni que decir tiene que desde lo tengo, ¡no me he vuelto a atascar en el barro!

Comparte esta historia si también tienes aficiones que te mantienen joven como cualquier chiquillo con canas o si de vez en cuando dee-dah-dah-dee-dit.

VOCABULARIO:

– “Almost buddy, well done! Just pay attention this time” = No sólo no has dado ni una sino que te has inventado una nueva letra.

– “I hear what you´re saying” = No tengo ni idea de lo que acabas de decir.

Stunt Oscar nomination – Worst stunt

Cada día me levanto pensando que va a ser uno genial. Es una cosa que me da fuerzas para calzarme no sólo los zapatos sino una sonrisa y así salir a la calle. La inmensa mayoría de las veces se cumple, aunque ese día fui generoso con mis expectativas.

Tenía que brillar. No tenía más remedio pues iban a venir del Ministerio para auditar mi trabajo y tenía que darlo todo. Hasta saqué de su bolsa el nuevo chubasquero para estar impecable.

Pero ya incluso antes de entrar en la granja sabía que iba a tener que esforzarme y mucho. Eso no olía bien. Literal. Nada más bajarme del coche para acceder a las instalaciones me invadió un fuerte olor a cerdo. De los ungulados me refiero, no de los que pululan por la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Llamé a la clínica para confirmar la dirección. Tras una conversación absurda en la que intenté comunicar que había tocado el claxon (horn) y que no había acudido nadie a recibirme, me contestaron que “qué cuerno (horn) le había tocado yo a los cerdos”. Tras dudar de mi integridad intelectual me insitieron que estaba en el lugar correcto. Decidí entonces saltar la valla para confirmar la existencia de vacas que igual se habían puesto Eau de Cochino ese día. Obvié queriendo la placa que alertaba la existencia de perro peligroso pues pude ver al otro lado del patio como una especie de Chihuahua estaba sujeto con una cadena otrora usada para anclar dirigibles a tierra. Craso error. Después de recorrer unos 20 metros y girar una esquina me encontré cara a morro con el primo mazao del pastor alemán medio. Sin atar además. Yo me llevé sorpresa pero comprobé que el perraco también se llevó su parte. Aproveché su inmovilidad para ejecutar una retirada táctica basada en un giro de 180º y avance a paso ligero con saltito de valla incluido.

Desde la seguridad del coche decidí llamar al ganadero para comentarle que había llegado. Me comentó que su hija estaba a punto de llamarme para cancelar la cita pues no iba a poder llegar a tiempo. A esas alturas no debería haberme sorprendido pero lo hice.

– “¿No va a estar su hija? ¿No puede ayudar alguien más con el ganado?”

– “¿Con el ganado? Me tiene que ayudar mi hija que está aquí, por eso necesita cancelar la cita”

Esto no va bien. ¿Qué me está pasando hoy? Después de la segunda conversación absurda del día descubrimos que el paisano me había confundido con el dentista. Tras el alivio de saber que aún tenía posibilidades de triunfar me comentó que estaba en una de las dos localizaciones bajo el mismo código de la granja. Que me iba a enviar a su hija a recogerme. La de las caries.

Una vez en la granja, tras presentarme como “Pablo, el dentista impostor” y tras las risas de la tontería del día empecé a trabajar en la manga con las vacas. El sol se dejó cubrir por un manto negro de nubes y acto seguido empezó a descargar agua con ganas. Contento con mi nuevo chubasquero, no sólo estaba impecable sino además impermeable. Listo para la visita del Ministerio. El día había empezado un poco cruzado pero me veía con la capacidad de enderezarlo. Esa sensación me duró exactamente 4 segundos hasta que escuché como el ganadero se ponía a gritar a lo Penélope Cruz: “¡PEDROU! ¡PEDROOOOOUU!” Ese nombre no me sonaba muy británico pero no es raro encontrarte todo un repertorio de nacionalidades en ganaderías grandes.

“¿Pedro? Juraría que te llamabas Pablo y además eras dentista.”
Su insitencia y tono despertaron mi curiosidad y me giré justo para descubrir que A) había confundido mi nombre y estaba intentando llamar mi atención y B) a menos de un metro tenía a una vaca a la fuga en rumbo de colisión. El impacto era inevitable e instintivamente, quizás influenciado por los múltiples placajes recibidos en rugby, me preparé para recibir el golpe. Giré la cabeza hacia un lado para no dejarme los dientes en su cabeza ya que por tenso que pongas el cuello, el cabezón tiende a bascular. Cerré los dientes para que no cascasen las muelas y para dejar la lengua a buen recaudo pues no sería la primera vez que me la parto en dos. Y salté para que el testarazo me diese en el pecho y no en la cara pues ese día me había limpiado las gafas. Agarré fuerte el material y me preparé para volar.

Y lo hice. Volé unos 2 metros hacia atrás y mi aterrizaje quedó amortiguado por un manto de barro en el que las vacas circulantes habían puesto de lo suyo también. Llevé inercia suficiente como para recorrer unos 3 metros boca arriba en los que aproveché para mirar el número tatuado en el culo de la cabrona vaca.

“¿Qué nota le damos a Pedro?” “Yo un 8” “Un 7.5” “Yo un 3 que ha sobreactuado, fijo”
Una vez mi velocidad en tierra pasó a ser 0, me levanté, comprobé que podía respirar sin dificultad y le grité al ganadero el número de la vaca a recuperar. Éste tardó un rato en reaccionar y pálido del susto sólo acertó a traer papel para limpiar mi chubasquero. Flaco favor pues el papel se deshizo y me dejó trozos de confetti azul entre la mierda y el barro. Consiguió anotar el número, recuperar la vaca y pedirme perdón por el despiste de dejar la puerta abierta.

El auditor del Ministerio hizo acto de presencia y aunque impermeable, yo ya no estaba impecable. Afortunadamente se centró en mi técnica de trabajo y no en mi disfraz de boñiga bípeda así que pasé la auditoría sin fallo alguno.

Parecía difícil pero teniendo en cuenta que no tuve que asistir al dentista con la hija del ganadero, al final el día fue genial.

Comparte esta historia si das por hecho que los cerdos no tienen cuernos pero que es el cerdo el que los pone y no la compartas si tu alma es la que es impermeable.

VOCABULARIO:

– “Would you mind double-checking the gate for me, please?” = Se te escapa otro bicho con cuernos y te pincho los ojos.

– “I can’t hear you. I’m out of range. Sorry! I’ll phone you back in five” = Voy a colgar porque esta conversación es absurda. No pongas esperanzas en que te vuelva a llamar.

Elige tu propia aventura (votación)

Lo bueno de ser un veterinario español, de buscarle algo positivo a la broma, es que tu instinto de supervivencia te ayuda a buscarte la vida de las maneras más originales. Dicen que hay poco paro entre los licenciados en veterinaria en España aunque las estadísticas no indican cuántos de ellos están metidos en otros sectores o que aquellos cuya vocación aún les mantiene aferrados al isoflurano y al catgut en España su sueldo medio no llega ni a los 1.000 euros*.

La noticia de que al final saqué mi licenciatura en la Complutense de Madrid me llegó mientras montaba de cero una sucursal de protección de equipajes en el aeropuerto de Tenerife Sur como Asistente a Dirección y Nuevos Proyectos. Señal premonitoria de lo que iba a ser mi vida laboral. Desde entonces e intentando ubicar mi formación, aptitudes y experiencia he pasado por varios trabajos entre los que destaco vigilante de seguridad, veterinario clínico de pequeños animales, director en la empresa del aeropuerto pero esta vez en Barajas y consultor trabajando para el papi Estado mientras ejercía de fotógrafo en los momentos en los que no estaba en la oficina. Compaginando trabajos y estudios con voluntariados en diferentes cuerpos de Protección Civil y acabando durante unos cuantos años en el SAMUR-PC de Madrid.

Vota cacho bípedo. Aún conservo los grilletes y no dudaré en usarlos...
Vota cacho bípedo. Aún conservo los grilletes y no dudaré en usarlos…

Así que antes de verme forzado a emigrar llené mi mochililla de experiencias. Todas buenas porque incluso las menos positivas te enseñan a bofetadas lo que es la vida y te abren los ojos para valorar las cosas importantes. De entre estas experiencias, algunas hay absurdas. Los que me conocen me han preguntado que publique alguna de ellas pero necesito saber la opinión de los que estáis leyendo esto e intentar ajustar las publicaciones a vuestro interés.

No te cortes. La votación es anónima y puedes seleccionar hasta 3 opciones a la vez si te sale de las narices.

Como siempre, muchas gracias por vuestras muestras de cariño y por vuestros comentarios en los que me animáis día a día a seguir compartiendo experiencias.

ACTUALIZACIÓN (08/07/2015): Gracias por vuestra participación activa. Otra vez más me demostrais que lo mejor del blog sois vosotros. Estos son los resultados junto con los valores que habéis creado al votar “otros”. Por pequeño que sea el porcentaje que solicita que me ciña a las anécdotas vacunas, no es menos importante y desde luego que no me desviaré del tema, sólo que de vez en cuando entraré a narrar otras experiencias. Un lametón, salaos.

Toca ir de ronda con los grilletes y defensa al cinto...
Toca ir de ronda con los grilletes y defensa al cinto…

* = Fuente: Portal de Veterinaria Argos – Titulados peor pagados